2010-03-02

Reseña: Frau Tovarich

La Segunda Guerra Mundial tiene en su haber dos tristes récords: el de haber sido el episodio más violento y cruel de la historia de la humanidad, y el de haber servido de inspiración a un mayor porcentaje de películas, relatos, documentales, artículos, etc., que ningún otro suceso. Es el caso de Frau Tovarich, novela gráfica que cuenta con el aliciente de narrar los últimos días de decadencia del imperio nazi desde el punto de vista de unos soldados alemanes que, tras perder la fe en su causa, tratan de mantenerse con vida en tierras rusas, frente de guerra injustamente olvidado con respecto a otros, como el de Normandía, que han cobrado mayor relevancia en la memoria colectiva. Frau Tovarich narra, de manera veraz y ruda, el hacer de hombres y mujeres en 1944, antesala al final de la guerra que llegaría un año después y que supuso el inicio del mundo moderno, tal y como lo conocemos.

Por Nisa Arce

El pelotón y la ruski

1940, Hamburgo. El soldado Hannes parte al frente insuflando valor y esperanza a su mujer e hija, que acuden a despedirle a la estación de tren. Hannes está convencido de que volverá, pero, cuatro años más tarde, la realidad es bien distinta: se encuentra liderando a un grupo de hombres en los gélidos páramos soviéticos, cerca de la frontera con Estonia. Allí, a pesar de haber perdido prácticamente toda la confianza y credibilidad en el Führer, viven intensamente cada momento, sin olvidar que sus enemigos, armados de un carácter estoico y sometidos al yugo Estalinista, son temibles, capaces de hacerles la vida imposible en una sucesión interminable de bajas.

Un día, mientras hacen una redada contra un grupo de rusos, hacen recuento de las víctimas del tiroteo y descubren que la única superviviente es la mujer encargada de entregar el correo. Tras un intenso debate, deciden llevarla con ellos para evitar que les delate y, además, protegerla. Ella, alias la ruski, empieza a desarrollar un sentimiento afín hacia esos hombres que viven el día a día al límite tras haberlo perdido todo, como Hannes, por el que termina sintiendo un respecto y afecto cercano al amor en base a la atención y dedicación que él le procura, ya que Frau Tovarich (literalmente, señora en alemán y camarada en ruso) le recuerda físicamente a su hija ya muerta en un bombardeo.

La ruski consigue sobrevivir a la guerra y cuenta este relato en forma de flashback, instando a las generaciones posteriores a creer que hay esperanza y que, incluso en los momentos más dramáticos, la vida sigue adelante.

El arte del grafito

Uno de los aspectos más interesantes de esta novela gráfica, visualmente hablando, es la técnica que ha empleado el autor. Al menos en apariencia, Frau Tovarich es el resultado de una combinación entre lápices de distinta intensidad y los efectos visuales de programas informáticos tales como Photoshop. Así, podemos encontrarnos con texturas muy interesantes que dan una sensación artesanal, como las sombras trabajadas con difuminados, o los relieves a base de trazos, que se complementan con añadidos digitales que, a pesar de resultar convincentes, pueden llegar a resultar monótonos, como por ejemplo el uso de los efectos de movimiento o desenfoque, bastante incómodos a la vista. En cuanto al dibujo en sí, hay de todo: viñetas de una gran belleza y personajes cuyas expresiones, demasiado básicas y simples, no están a la altura.

En definitiva, en este apartado tan importante, la obra llega al notable. De haber estado un poco más pulida, el resultado habría mejorado notoriamente, si bien es cierto que transmite esa atmósfera gris y sombría que resulta tan adecuada a la historia.

Raíces niponas, culto a lo europeo


Jun Matsuura, hijo de un japonés y una catalana, nació en Barcelona en 1980. Se formó en ilustración en la Escola d'Arts i Oficis/ La Llotja de la Ciudad Condal, donde comenzó su carrera como dibujante, en la que ha colaborado realizando storyboards para películas, además de trabajos en publicidad y Frau Tovarich, su primera obra larga, la cual tuvo su germen en Alemania, país en el que residió durante un tiempo. A pesar de sus orígenes japoneses, su estilo bebe de la influencia del cómic europeo en contraposición al manga.

Un canto a la reflexión en tiempos inestables

Como ya se comentó anteriormente, existe un sinfín de material en torno a la Segunda Guerra Mundial, suficiente como para calmar la sed de los aficionados a las historias de corte bélico. Por tanto, la pregunta de rigor con respecto a este cómic, es qué ofrece que no tengan los demás y que haga interesante su compra.

La respuesta no es sencilla. La historia y el dibujo son buenos, pero no excelentes. El argumento a veces flojea y su final pretende ser tan sorpresivo que da la impresión de estar más que manido. Pero, incluso así, es un buen producto que no defraudará siempre y cuando no se tengan altísimas expectativas sobre él.

Frau Tovarich es, en definitiva, una ópera prima, la promesa en firme de un autor que, esperemos, tendrá una larga y fructífera carrera. Por tanto, si hay un buen motivo para decantarse por la compra de este cómic, es apoyarle. La industria española necesita, ahora más que nunca, que se apueste por sus talentos. Y qué mejor manera de hacerlo que invirtiendo en un producto que cuenta con una muy buena edición a cargo de La Cúpula a un precio más que razonable, cosa que es de agradecer por parte de la editorial.

Lo mejor: La explotación del frente soviético.

Lo peor: La irregularidad general.

Ficha técnica:
Título original: Frau Tovarich: La camarada
Guión: Jun Matsuura
Dibujo: Jun Matsuura
Editorial española: La Cúpula
Formato: rústica, 140 páginas b/n
Precio: 12 €
Nº de tomos en español: 1 (autoconclusivo)

4 comentarios:

NaoTaKuN dijo...

¿Esta ya a la venta?

David J. 'Batto' dijo...

Si desde finales del 2009

NaoTaKuN dijo...

Gracias ^^

Israel L. Escudero dijo...

Aquí os dejo el trailer del documental que ha ido siguiendo todo el proceso de creación de Frau Tovarich:
http://www.youtube.com/watch?v=L_u9HfP66kg
Si estáis en Barcelona durante el próximo Salón del Cómic podéis asistir a su proyección.
Un saludo!

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